Nada parecía satisfacerle. Las cosas que un tiempo deseó, al conseguirlas, se vaciaron de contenido. Nada le vale. Ni de sí mismo, ni de los demás. ¿Cuándo fue la última vez que confió en alguien? No lo recuerda. No puede recordarlo, pero sabe que una vez pudo confiar en alguien. La vida transcurre rápido. Demasiado. Sabe que la incertidumbre estará con él siempre. Nada le satisface, pero no tiene miedo. La incertidumbre acabará con su muerte, es inevitable, no obstante, la nada. Pensó “soy consciente, soy libre hasta que muera”. Casi se convence, pero atrapado por la sociedad estática, reía compulsivamente. Mientras, escuchaba discos en reverso ¿Habría algún oráculo que diera una respuesta?
Toc, toc
•13 Febrero 2009 • 3 comentariosHe tenido que comprar un libro.
Ya sé que dicho así suena como si hubiera realizado un acto excepcional, inusual, cuando los que me conocen saben que, dadas mis dudas internas, compro compulsivamente certezas escritas por otros… Pero es que me han vuelto a fallar mis referencias vitales, es como… si mi inteligencia social hubiera desaparecido de un día para otro, … de un post de un “amigo” a otro post, el que me toca a mí.
Ya estoy pagando a un terapeuta –de esos que te enseñan no tanto a no mearte en la cama, cuanto más bien a que no te importe hacerlo–, por lo que no podía sufragarme otro, así que he comprado su libro. Se titula “AMIGOS”, de un tal Enrique Rojas, afamado psiquiatra.
Lo he devorado en un par de noches buscando respuestas. No las he encontrado.
No he encontrado ni una sola línea que explique que la amistad es infligir abusos a los amigos con la excusa de participar en la tarea común de hacer un blog creativo…
Tampoco he encontrado ni un párrafo que ayude a conciliar los sentimientos de amistad… cuando aparecen otras emociones diferentes y, aparentemente, en conflicto con los primeros, como podría ser un deseo irrefrenable de matar, asesinar, destrozar, descuartizar y/o aplastar al amigo.
En cambio sí he encontrado ideas muy consoladoras en sus páginas que me han recordado que, a pesar de ser mayor y adúltero, digo adulto, tengo el síndrome de “maduración psicológica tardía” o del “eterno adolescente”, que me hace especialmente obsesivo con el pasado no realizado ni vivido —sobretodo escaramuzas con el sexo opuesto— y que produce etnocentrismo personal, esto es, mirar el mundo desde mi exclusivo ombligo, y tener dificultades para relacionarme socialmente.
Pero le he mandado un mail de los míos al Sr. Rojas. Y en él le explico que si a pesar de todo lo horrible dicho anteriormente… puede considerarse que un buen amigo es aquel que libera a otro de sus limitaciones humanas corporales y le ayuda a realizar el tránsito a una mejor vida, más espiritual y menos infeliz que esta estancia en esta tierra de sudores, lágrimas y otras excrecencias.
También le explico, por la cuestión práctica principalmente, que no existe extradición a España desde Guadalupe y que en medio de las algaradas callejeras por protestas de supervivencia, o por Carnavales —da igual—, no es infrecuente —ni se investigan con esmero—, el que aparezcan cadáveres de europeos de ojos azulones desteñidos en la isla…
Quedo a la espera de las noticias de este señor, y con lo que haya… informaré. No tengo prisa, la venganza que se dilata (como una vagina) en el tiempo sabe mejor… Por ahora me contento, a distancia, con el vaginismo de mi amigo….

Something is lurking in the dark…
Proyecto 1-1 por Mario_O
•6 Febrero 2009 • 3 comentariosEn el primer párrafo aclaró que había escrito su relato durante la clase, evitando así escuchar al supuesto profesor que tanto aborrecía.
Reflexionó en el segundo párrafo sobre lo diferente que era teclear frente a una pantalla de escribir bolígrafo en mano.
Interrumpió la escritura del tercer párrafo para levantar la mirada, fingiendo que atendía.
Mientras escribía el cuarto párrafo se percató de que estaba yéndose por las ramas y temió el que sus amigos, quienes tenían que continuar aquel relato que él estaba comenzando, confundiesen el irse por las ramas con salir del paso.
No le hizo falta terminar el quinto párrafo para sentir un atisbo de satisfacción, ya que le parecía un buen comienzo para un cadáver exquisito.
Apenas arrancó el sexto párrafo dudó, por un instante, de la calidad de su escrito…
Recobró la seguridad en sí mismo mientras terminaba el séptimo párrafo.
No había finalizado el octavo párrafo cuando comenzó a sentir impaciencia por ver cómo continuarían sus amigos el relato.
Interrumpió la escritura del noveno párrafo al ver como el profesor se acercaba a su mesa, por lo que decidió continuar con su relato sólo cuando el profesor eructase una de sus ideas supuestamente interesantes, fingiendo trasladarlas al papel.
Mientras decidía que el décimo párrafo sería el último miró el reloj disimuladamente, observó que aún quedaba media hora de clase, suspiró y se dijo a sí mismo “Mierda, para una vez que soy breve…”.

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